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miércoles, 17 de febrero de 2010

Figuritas de Kiss edición argentina: una historia de amor inconclusa y un reecuentro inesperado



La mía, con las figuritas de Kiss, es una de esas historias inconclusas...
Han pasado muchísimos años desde que se conseguían en los kioscos en medio de alfajores, caramelos y todas esas cosas que tanto nos gustan desde niños. Yo, por supuesto, iba al kiosco pero no para comprarme golosinas sino para tener las "figus" (así solíamos llamar a las figuritas) de Kiss.
Corría el año 1980 y el kiosquero que atendía su negocio en la misma cuadra que el colegio al que yo iba, no dejaba de sorprenderse cuando cada mediodía antes de entrar a la escuela yo le pedía un par de paquetes.
Todavía los recuerdo: eran de azul claro y eléctrico, con el logo de Kiss en rojo y amarillo y con un dibujo de la banda inspirado en la portada de Hotter Than Hell... y encima venían con un chicle adentro.

Llegó el día en el que finalmente completé todas las figuritas de la colección. Las iba tachando apasionadamente en el contador que traían algunas en el dorso y mi alegría fue enorme una vez que tuve las 66 figuritas y los 20 calcos en mis manos. Era un pilón enorme y hermoso... que incluía figuritas de Kiss, Village People y Queen con las que podías armar un rompecabezas de Kiss dándolas vuelta...

Por aquel entonces no tenía esta fiebre coleccionista que me invade desde hace años y mi manera de disfrutar las cosas, en este caso las figuritas de Kiss, era pegarlas en las carpetas de la escuela. No había espacio disponible en esas carpetas, una al lado de otra estaban allí pegadas todas y cada una de las "figus", pero claro... había un problema: el tiempo pasó, las carpetas se dañaron, incluso algunas se perdieron y adios colección de figuritas de Kiss...
La cosa no me dolió tanto por entonces, pero desde que guardo cada cosa de Kiss que aparece por allí, el tema se manifiesta en forma de dolor, kissero, pero dolor al fin.
Las tuve todas, pero ya no... aunque seguramente ya las recuperaré. Sé que algun día, podré comprarlas nuevamente.

Pero esta inconclusa historia de amor, experimentó un giro inesperado hace pocos días en el sitio menos pensado: mi lugar de trabajo.
Hace unos días al ingresar al lugar en el que trato de ganarme el pan diario, el amigazo Gustavo Secreti (les recomiendo su blog: recreox.blogspot.com) se acercó hasta mí y tomando la billetera entre sus manos y haciendo un pase casi mágico, me dijo: "Hoy mi billetera es la máquina del tiempo"... Poco entendía yo de lo que hablaba y entonces él extrajo dos viejas figuritas de Kiss de esa billetera (devenida máquina del tiempo) y me las dio diciéndome: "Te las regalo, son las únicas que tengo y sé que vos las vas a cuidar mejor..."
Una de Gene y otra de Paul... la 62 y la 31... (Click en las fotos para agrandarlas).

¿Se imaginan ustedes? a mis 40 años estaba empezando a reencontrarme inesperadamente con dos de esos tantos amores que alguna vez pegué en las carpetas del colegio...
Gustavo (que dicho sea de paso, es mi Jefe) intuyó que yo las cuidaría y no se equivocó: para mí estas "figus" tienen un valor incalculable... casi como si las tuviese a todas.

Gracias Gus.

Marcelo